En medio de fuertes lluvias en el Valle de Aburrá, la sensación de calor ha aumentado. Expertos explican que no es una ola de calor, sino un cambio normal del clima por la transición de temporada y la influencia de La Niña.
Durante los últimos meses, aunque se han registrado fuertes lluvias en varios sectores del Valle de Aburrá, las personas han percibido un aumento en la sensación de calor. Este fenómeno no corresponde a una ola de calor, sino que refleja la transición entre temporadas climáticas, caracterizada por cambios en la nubosidad, las precipitaciones y la radiación solar. Mientras aumenta la probabilidad de la llegada de El Niño en los próximos meses.
Según Julián Sepúlveda Berrío, ingeniero e integrante del Equipo de Meteorología del Sistema de Alerta Temprana de Medellín y el Valle de Aburrá (Siata), entre enero y febrero de este año las lluvias estuvieron influenciadas por el fenómeno de La Niña, en su fase fría. “El régimen de lluvias fue muy alto en comparación con los datos históricos”, explicó en entrevista para Breve Medio.
Un inicio de año marcado por lluvias
Sepúlveda Berrío añade que el comportamiento fue notorio en enero, cuando varias estaciones del Valle de Aburrá registraron lluvias hasta tres veces por encima de lo habitual. “Esperábamos entre 50 y 100 milímetros y se registraron hasta 250 y 300 milímetros en algunas zonas”, precisó.
En febrero, aunque las lluvias fueron un poco menos intensas que en enero, se mantuvieron por encima de los niveles normales, influenciadas además por otros factores atmosféricos como el paso de frentes fríos y el aumento de la humedad en la región metropolitana.
Aunque el aumento de lluvias suele asociarse con condiciones inestables del clima, en este caso tuvo un efecto directo sobre la temperatura. “Cuando hay mayor nubosidad y precipitación, la radiación que llega al suelo es menor. Eso hace que las temperaturas se mantengan cerca de los promedios o incluso un poco por debajo”, explicó el integrante del Siata.
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Según los registros del equipo técnico del Siata, durante enero y febrero no se presentaron temperaturas extremas. Las máximas se mantuvieron alrededor de los 28 °C, un valor dentro de lo normal para la región y por debajo de los récords históricos del Valle de Aburrá, que alcanzan entre 30 y 32 °C.
¿Por qué ahora se siente más calor en el Valle de Aburrá?
El ingeniero explicó que la percepción de mayor calor está relacionada con cambios recientes en las condiciones atmosféricas. “Desde el 26 de febrero hemos observado un menor régimen de lluvias y mayor incidencia de radiación en las mañanas. Eso hace que la superficie se caliente más”, indicó.
Aclaró que este comportamiento no obedece a un fenómeno extremo, sino a la transición natural entre temporadas. “Es una variabilidad normal propia de estos cambios. No hay un fenómeno anómalo que esté generando estas temperaturas”, señaló.
Otro factor que influye en la sensación térmica es lo que ocurre durante la noche. En condiciones normales, el suelo y las superficies urbanas liberan el calor acumulado durante el día, lo que permite que el ambiente se enfríe.
Sin embargo, en las últimas semanas este enfriamiento ha sido menor de lo habitual debido a una mayor presencia de nubosidad. Estas nubes actúan como una especie de “cobertura” que reduce la pérdida de calor hacia la atmósfera durante la noche.
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Como resultado, el ambiente no logra enfriarse completamente y las temperaturas nocturnas se mantienen más altas, lo que hace que las mañanas comiencen con mayor sensación de calor.
Según el Siata, las temperaturas mínimas se han mantenido cerca de los valores promedio históricos. “No hemos tenido enfriamientos fuertes en las noches”, afirmó el integrante del Equipo de Meteorología.
Por su parte, el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) pronostica que en abril y mayo las lluvias serán más estables, con presencia de sol en las mañanas y posibles precipitaciones en las tardes.
El fenómeno de El Niño se acerca
De acuerdo con el Ideam y el Ministerio de Ambiente, ha aumentado la probabilidad de que se presente el fenómeno de El Niño en los próximos meses. Entre mayo y julio existe un 61 % de probabilidad de que se desarrollen estas condiciones, cifra que podría superar el 90 % a partir de septiembre.
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La ministra de Ambiente (e), Irene Vélez Torres, advirtió que este fenómeno representa varios retos para el país, como el aumento del riesgo de incendios forestales, olas de calor, escasez de agua y afectaciones en la producción alimentaria. “Por eso hacemos un llamado a las autoridades y a los sectores a prepararse desde ya. Cuidar el agua y tomar medidas preventivas es proteger la vida”, afirmó.
Para finales de año se prevé un evento de El Niño de intensidad fuerte, con un posible aumento de hasta 1.5 °C en la temperatura del océano Pacífico, lo que podría generar impactos climáticos a nivel global.
La directora del Ideam, Ghisliane Echeverry Prieto, explicó que los efectos en Colombia no serán iguales en todo el territorio. “En gran parte del país se asocia con disminución de lluvias y aumento de temperaturas, pero en algunas regiones los efectos pueden ser menos intensos o incluso contrarios”, concluyó.

