Demolieron la escuela por riesgo, pero no llegó el reemplazo: hoy, 29 estudiantes en Dabeiba, Occidente antioqueño, estudian bajo una carpa mientras la comunidad sigue esperando respuestas.
Por Javier Giraldo Arias
En la vereda El Retiro, sector Chimiadó, en el municipio de Dabeiba, 29 estudiantes reciben clases debajo de una carpa. La escena, que parecía provisional, se ha convertido en la única alternativa luego de la demolición de la antigua sede educativa en febrero de este año, una situación que hoy mantiene en tensión a la comunidad y a las autoridades departamentales.
La escuela —adscrita a la Institución Educativa Madre Laura Montoya— fue derribada por la comunidad ante el riesgo de un eventual colapso, debido al deterioro de su estructura, que tenía más de 80 años de antigüedad, según testimonios de habitantes de la vereda. Tras la demolición, la comunidad se organizó para construir una nueva sede mediante convites; sin embargo, estos fueron frenados por orden de la Gobernación de Antioquia, que argumenta que el terreno no es apto para edificación por estar ubicado en una zona de riesgo, debido a su cercanía a una quebrada.
No obstante, los habitantes aseguran que, en más de ocho décadas de funcionamiento, no se han registrado emergencias asociadas a inundaciones o crecientes. “Es una escuela que nunca se ha inundado”, afirma Marcos Tulio, vecino del sector, quien cuestiona la decisión de la Gobernación y la falta de alternativas concretas.
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La demolición ocurrió, además, en medio de una expectativa de renovación: desde hace más de una década, la comunidad venía solicitando la construcción de una nueva sede sin obtener una respuesta clara por parte de las autoridades.

La suspensión de la obra ha detenido los esfuerzos comunitarios, que ya habían iniciado la construcción con materiales gestionados localmente, algunos de ellos donados por firmantes del Acuerdo de Paz ubicados en la vereda Llano Grande–La Nueva Habana.
Mientras tanto, la vida escolar continúa en condiciones precarias. Los estudiantes —17 de primaria y 12 de posprimaria (secundaria)— reciben clases en un espacio improvisado, sin acceso a internet, con equipos tecnológicos fuera de servicio y con limitaciones en mobiliario. Los grados van desde preescolar hasta noveno, distribuidos en grupos pequeños: cinco niños en preescolar, un estudiante en primero y segundo, y hasta seis en sexto.
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La sede cuenta con dos docentes, Andrea Alzate García y Juvenal Tangarife, quienes asumen la enseñanza de múltiples asignaturas, desde matemáticas y lenguaje hasta tecnología y formación en valores, en un contexto que exige adaptaciones constantes.
La comunidad educativa de El Retiro no solo enfrenta dificultades de infraestructura, sino también incertidumbre institucional. A la fecha, no existe una hoja de ruta clara para la construcción de la nueva escuela, pese a que el antiguo edificio ya no existe.
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Habitantes de veredas cercanas como Guibanes, La Montañita, La Mesa, El Naranjo y El Salado también dependen de esta sede, lo que amplifica el impacto de la situación.
El caso pone sobre la mesa preguntas sobre la gestión del riesgo, la planificación territorial y el acceso a la educación rural en Antioquia. Mientras las autoridades evalúan las condiciones del terreno, la comunidad continúa enseñando y aprendiendo en medio de la intemperie.

